"Los actos de nuestra vida que llamamos
buenos y de los que nos resulta fácil hablar son casi todos del primer género,
<<ligeros>>, y los olvidamos pronto. Otros actos, de los que nos
cuesta hablar, no los olvidamos nunca, son como más nuestros que los primeros y
su sombra se proyecta ampliamente sobre todos los días de nuestra vida"
Hermann Hesse
Qué tal si la vida no
estuviera llena de matices y qué, más aún, si el arcoíris no fuese producto del
prisma. Qué tal si el sol no alumbrará nuestro mundo todas las mañanas y se
escondiera entre los diferentes relieves. Qué tal si la luna, no cumpliese
todas su etapas, y qué tal que las nubes no jugarán en el firmamento.
Qué tal si todos los seres
humanos fuésemos iguales en términos morfológicos, como aquellos clones que nos
presentan en las películas de ficción, o los avances en la realidad materializados
en Dolly.
Y qué tal si todos fuésemos
valientes, y la noche no nos inspirará bajos instintos, para hacer lo que en el
día está prohibido por el mundo moderno. Y qué tal si la honestidad nos
aplastara y como el viento le diríamos a todos lo que somos. Entonces tomaríamos
retratos de las diferentes impresiones y haríamos collage para evaluarnos. Igual
podría ser un mecanismo para autorregularnos y volver a donde estábamos.
Qué, si pusiéramos en juego
nuestra felicidad al querer ser lo que somos y no lo que otros nos imponen. Que
tal si la maldita cuestión y duda no asaltará al resto por como te vistes, por
como es tu acento de voz, por como caminas y por el modo de conjugar y usar tu
idioma.
Y qué tal si corremos a ser
lo que el interior nos grita, y no huyéramos como lo hacen los cobardes. Y qué
tal que nuestro diario dejara de serlo, para pasar a ser un libro abierto, en
el cual se conocerán detalles preciados de nuestra vida, para que se pregunten
desesperados qué pasará segundos más tarde después del final del párrafo.
Y qué tal si no fuésemos simple
basura como muchos en el mundo y desde nuestra condición aportáramos a
construir un ambiente en dónde todo es posible, en donde el otro, los otros y
yo pudiésemos convivir sin celos, sin buscar respuestas que expliquen el porqué
del mundo y la relación con nosotros.
Y qué tal si viviésemos en
un mundo donde seamos los mismos de nuestra conciencia, en cualquier lugar,
siempre, sin importar el sonido ambiente. Y qué si el valor nos diera la inmortalidad
de subsistir en medio de lo que es y lo que no puede ser. Si la elección no
fuese una imposición sino una búsqueda de tu ser. Y lúcidos abandonáramos la
idea de esperar el instructivo o recetario de la vida.
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