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jueves, 8 de noviembre de 2012

ENSUEÑOS DE UN NIÑO GRANDE


Recuerdo que tenía un sueño… lo alimentaba el campo, el sonido de los árboles, el canto de los pájaros, los gritos de mamá y los regaños de mis abuelos maternos. Recuerdo que en vacaciones de la escuela, mamá preparaba el desayuno para salir muy temprano a cosechar, y consigo, como arriando ganado, nos llevaba a la finca. No era nuestra finca. Éramos peones.

Me acuerdo de alguien, tal vez tenía menos de cuatro años. Sirley, mi mamá, otros peones y yo, estábamos sentados en una mesa larga de madera. Era un tablón. Mientras cenábamos, a las cinco, Sirley y yo moríamos de risa. No se por qué, pero el recuerdo me muestra lo feliz que fui. Solo en la finca, en el quehacer de mamá, no había nada prohibido. Podía reír mientras comía, jugar como loco, correr, ser un gran ingeniero y construir la casa y el lugar de mis sueños. Me convertía en un gran explorador, me creía un aviador, un jinete, un corredor de autos, un ensoñador incontrolable.

Odiaba los festivos. Los odié hasta el colegio. Ahora los añoro y deseo que el lugar en el que pasé cada lunes no corriente, vuelva a ser el mismo. Anhelo escuchar la invitación de mamá para salir corriendo a abrazarla y decirle que no tiene necesidad de manifestármelo. Pretendo acompañar cada paso suyo, ver como envejece y como el tiempo también actúa sobre mi cuerpo, mientras que el espejo sea nuestra más fiel realidad. Mientras que el olor a café tostado aromatice la casa y el camino que conduce hacia ella. Como si supiera que algún día, en medio de la estúpida vida pos-moderna, “las migas de pan” podrán ser comidas por las aves hambrientas.

Recuerdo que en medio de una cosecha de café, en la finca de mis abuelos surgió un comentario después de una larga charla mañanera, mientras el frío caía con cada gota de agua, como si tirará con el las palabras. Dijeron que tendría dotes para ser abogado, pero dudándolo, porque pensaron que jamás podría ir a la universidad, como lo creyeron luego mis compañeros de colegio. Entre tanto, mi cabeza maquinaba cada paso que seguiría después del grado, igual que ahora, cuando han pasado tantos años.

Hoy quiero pensar en el pasado, recordar cada detalle que viví con mis hermanos, cómo fue mi relación con mis abuelos, cómo peleábamos con mis primos, revivir el regaño de mis tíos y construir con cada aventura el paisaje que se ha ido trastocando. Exigirle a Dios que me devuelva la presencia de la abuela, porque temo que no seré capaz de llegar a la casa, y que como un esquizofrénico me lance a abrazarla, para hacerle reír a carcajadas, para tirar de sus arrugas, para enredar mis dedos en sus cabellos, para besarla y para sentarnos a compartir el paisaje que ofrece su banca favorita. Llamar a gritos a mamá y al resto, para que como un átomo o célula, nos agrupemos en la casa de los viejos como cuando ellos eran niños. Para no ser padres, hijos, nietos, primos, sobrinos o tíos, sino para ser los mejores amigos y soltarnos en confianza hasta que desaparezcan los secretos.

domingo, 4 de noviembre de 2012

¡Y qué tal si somos uno!


"Los actos de nuestra vida que llamamos buenos y de los que nos resulta fácil hablar son casi todos del primer género, <<ligeros>>, y los olvidamos pronto. Otros actos, de los que nos cuesta hablar, no los olvidamos nunca, son como más nuestros que los primeros y su sombra se proyecta ampliamente sobre todos los días de nuestra vida"                                                                                                                                                 
                                                                                                                         Hermann Hesse

Qué tal si la vida no estuviera llena de matices y qué, más aún, si el arcoíris no fuese producto del prisma. Qué tal si el sol no alumbrará nuestro mundo todas las mañanas y se escondiera entre los diferentes relieves. Qué tal si la luna, no cumpliese todas su etapas, y qué tal que las nubes no jugarán en el firmamento.

Qué tal si todos los seres humanos fuésemos iguales en términos morfológicos, como aquellos clones que nos presentan en las películas de ficción, o los avances en la realidad materializados en Dolly.

Y qué tal si todos fuésemos valientes, y la noche no nos inspirará bajos instintos, para hacer lo que en el día está prohibido por el mundo moderno. Y qué tal si la honestidad nos aplastara y como el viento le diríamos a todos lo que somos. Entonces tomaríamos retratos de las diferentes impresiones y haríamos collage para evaluarnos. Igual podría ser un mecanismo para autorregularnos y volver a donde estábamos.

Qué, si pusiéramos en juego nuestra felicidad al querer ser lo que somos y no lo que otros nos imponen. Que tal si la maldita cuestión y duda no asaltará al resto por como te vistes, por como es tu acento de voz, por como caminas y por el modo de conjugar y usar tu idioma.

Y qué tal si corremos a ser lo que el interior nos grita, y no huyéramos como lo hacen los cobardes. Y qué tal que nuestro diario dejara de serlo, para pasar a ser un libro abierto, en el cual se conocerán detalles preciados de nuestra vida, para que se pregunten desesperados qué pasará segundos más tarde después del final del párrafo.

Y qué tal si no fuésemos simple basura como muchos en el mundo y desde nuestra condición aportáramos a construir un ambiente en dónde todo es posible, en donde el otro, los otros y yo pudiésemos convivir sin celos, sin buscar respuestas que expliquen el porqué del mundo y la relación con nosotros.

Y qué tal si viviésemos en un mundo donde seamos los mismos de nuestra conciencia, en cualquier lugar, siempre, sin importar el sonido ambiente. Y qué si el valor nos diera la inmortalidad de subsistir en medio de lo que es y lo que no puede ser. Si la elección no fuese una imposición sino una búsqueda de tu ser. Y lúcidos abandonáramos la idea de esperar el instructivo o recetario de la vida.

viernes, 13 de abril de 2012

Cumbre de los Pueblos. Discutiendo la Educación de Colombia!!!

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Discutiendo la política de la Educación del país. En la Cumbre de los Pueblos.

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lunes, 2 de abril de 2012

SEMANA SANTA, ‘SEMANA VENTAS’.


Quién pensaría que la fe católica cristiana se hubiese convertido una actividad comercial en la ciudad de Popayán Cauca, en la ‘Jerusalén de América’. Quién creería que lo único que se puede encontrar en la ciudad no es más que una oferta vacacional que está dirigida para un grupo de personas que vieron en esta tradición religiosa-cultural la oportunidad para negociar.

Aquí cabe perfectamente las líneas del texto encontradas en la biblia: “Jesús subió a Jerusalén, y halló en el templo vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y cambistas sentados. Hizo un azote de cuerdas, y los echó a todos del Templo con las ovejas y los bueyes, tiró las monedas de los cambistas y volcó las mesas. Y dijo a los vendedores de palomas: “Quitad esto de aquí: no hagáis de la casa de mi Padre un mercado” “.

Si Jesús estuviera viendo estos tiempos, tal vez se aterraría y seguramente hiciera lo mismo que hizo hace dos mil doce años, o tal vez en su proceso de reflexión dijera que la Semana Santa no debe ser una cosa burocrática. Seguramente tumbaría los balcones y echaría al carajo los palcos y la gradería. Los cargueros, las sahumadoras, y cada personaje de los pasos serían protagonizados por quienes viven en las periferias. Permitiría que todas las personas tuvieran el acceso a las exposiciones sin ponerse a ver si cargan un peso en sus bolsillos.

Hablaría con las autoridades principales y les diría que dejen a los pobres rebuscadores vender lo poco que dará la ciudad en una semana de flujo comercial. Los pobres -70% del departamento- se volcarían con sus productos a venderles a los nacionales y extranjeros. Sería para ellos el regalo de acción de gracias que les quitaría la miseria por pocas horas.

Sería ‘LA SEMANA’. La semana no solo de ver la concepción religiosa como una tradición, sino como la enunció el Papa Benedicto XVI en si discurso de misa de Ramos: “mirar de manera justa a la humanidad entera, a cuantos conforman el mundo, a sus diversas culturas y civilizaciones”. Sería la semana para pensar que millones de personas hoy viven en guerra, y que otros millones más padecen hambre por causa de ésta.

Tal vez la sociedad inconforme no saldría como el año pasado a resolver sus conflictos a punta de machete en las procesiones. Los jovencitos serían más consientes si pudieran ir a los sitios de formación educativa. Tal vez sería la oportunidad de callejear de aquellos que sobreviven con sus ventas ambulantes. Sería la semana de libertad para los ‘locos y los personajes típicos’ como lo llaman algunos. Sería la semana para mostrar lo bueno y lo malo. Sería la semana de Popayán, de los caucanos y sus habitantes. Sería la semana para ver que todos somos iguales y la semana para reflexionar sobre el modo en cómo estamos viviendo en el Cauca.

sábado, 17 de marzo de 2012

PANAMERICANA, UN TRAMO DE MENDICIDAD

Que perfecta excusa! ¿Estarán contados como empleados por el DANE? El tramo Popayán-El Bordo de la vía internacional Panamericana es el lugar de trabajo de los pobres del suroccidente del país colombiano que aprovechan para: ¿vender o mendigar? Entre construcciones y derrumbes arriesgan día a día su vida.

El invierno  ‘les cayó como anillo al dedo’, porque mientras unos sufren con los desastres de la ola invernal otros gozan del trabajo que éste les acarreó.

Desde Popayán se ofrece en el menú una variedad importante que termina en El Bordo Patía. El terminal, el control de la vía al sur, los accesos restringidos en la vía, los derrumbes, el peaje El Mango y El Bordo son los puntos ideales que los rebuscadores encuentran para abordar un autobús en el que entre burlas o compasión de pasajeros y conductores tratan de ganarse su sustento para sobrevivir.

“Con el permiso del señor conductor he venido a ofrecerles(…), recuerden que cien, doscientos, quinientos o mil pesos no empobrecen ni enriquecen a nadie, pero si me pueden ayudar ya que prefiero ganarme la vida honradamente”, es el discurso que de memoria hemos aprendido y que usará el sujeto que está enfrente para ofrecer su talento.

Qué inocente adulto o niño no se comió los dulces que entregó un vendedor que al terminar su recorrido suelta una frase certera y dolorosa: “quien desee llevarlos, para su mayor economía compre los tres en mil”.  O quién no creyó que el vendedor de objetos iba a obsequiar uno a quien mas respondiera sus preguntas, pero vaya sorpresa cuando al escuchar “este objeto tiene un valor de diez mil pesos pero aquí lo podrá llevar por mínimo dos mil”.

Seguramente ustedes vieron a los pobres campesinos haciendo la semejanza de arreglar un tramo de la carretera, también se dieron cuenta que no importaba la época porque ellos seguían ahí y al igual que la vía sin pavimento.

Mendigar una vez para un niño, ha sido la razón para no ir a la escuela. Ganar más que sus padres los hace la cabeza de la familia. Acompañados de infantes, los ancianos salen a mendigar las monedas de los viajeros de esta importante vía olvidada que refleja el descuido del gobierno colombiano y la falsedad del discurso de los politiqueros que hoy ocupan los cargos del Estado.

Si un avaro se diera cuenta de los elevados precios con los que se vende en la zona, sería el motivo perfecto para montarles competencia. Los productos ofrecidos van desde gelhada lista para comer, gaseosa, agua embotellada, frutas de la zona, un puesto improvisado de fritanga, dulces y confitería, el popular mecato, un puesto ambulante de artesanías, purgantes, una cantada “desafinada” que termina en el humor sucio del conductor y ayudante hasta regar agua en la carretera polvorienta”.

Esta oportunidad es la que esperan y sueñan el 70% de pobres y el 39% de indigentes del Cauca -cifras del DANE-. Con la que están felices los ‘infelices’ ancianos y niños que encontraron un trabajo en medio de la desgracia.

jueves, 16 de febrero de 2012

Interventor de construcción vial reconoce negligencia

EL DESTAPE DE “LA 26” PATOJA


Popayán se enfrenta a nuevos retos que traen el tiempo y su crecimiento poblacional. La obra de construcción de la carrera 2 entre la calle 15N y la 25N fue una apuesta del Alcalde saliente Ramiro Navia. ‘Agremezclas S.A’ es la empresa constructora que tiene la responsabilidad de volver sitios prósperos y transitables a los barrios de Pomona, Portales del Río, vereda Pomona y otros en la zona nor-oriental. Pero la construcción no ha avanzado al ritmo propuesto y ha tenido varios inconvenientes que llevaron a paralizar a los obreros y máquinas por cuatro meses, cosa que aumentó el descontento de los habitantes quienes se han quejado de la poca comunicación entre ellos y los encargados de construir la avenida.
La autoridad a cargo de la interventoría de la obra hace la confesión con cara de preocupación y asumiendo la responsabilidad por tener en los talones el tiempo que finiquitará el contrato con la empresa Agremezclas S.A. “Cuando se dio el contrato dijeron que la obra estaría lista en seis meses y ahora a puertas de dos semanas para que se acabe el contrato se ve la imposibilidad del plazo. El fenómeno es similar a la 26 de Bogotá pero no es igual”, relata el interventor e ingeniero civil Fabián Ruiz, que tiene morada en uno de los barrios aledaños a la construcción.
Popayán no se ha enfrentado a realizar obras grandes. Los reparcheos son quienes han tapado los huecos y huellas del tiempo. Las obras grandes han sido realizadas por INVIAS como en la troncal principal de la ciudad. La administración de Ramiro Navia fue quien empezó a visualizar una Popayán de obras y de puertas al siglo XXI como se ve en uno de las ediciones de la revista Semana de este año.
Portales del Río es un barrio beneficiario de la nueva avenida y como los otros se ha enfrentado a los cambios que acarrea un proyecto vial como éste. “Nosotros contábamos con la vía lenta del acceso al garaje de nuestras viviendas, más una zona verde que desapareció. Inicialmente demolieron de la vía lenta 50 cm y el lunes 30 de enero que vino el personero municipal dijeron que hasta ahí llegaba, pero el martes 31 a las seis y media de la mañana nos demolieron 70 cm más. También nos hicieron un sardinel en el que los bomperes de los carros se rozan y ahora tenemos una vía peatonal, lo que ocasionará un detrimento patrimonial en nuestras viviendas”, pronuncia Socorro Cruz como si nunca le hubieran dado la oportunidad de hablar, como si quisiera contar a todos los habitantes payaneses lo que para ella es una ‘infamia y descaro’.
También a los trabajadores de la zona les cambió el panorama. Sus ventas se vieron afectadas y las esperan recuperar cuando termine la adecuación vial. El lavador de automóviles espera volver a escuchar el chasquido del agua sobre las vidrieras y ver como el parabrisas se mueve mientras limpia la panorámica. Los pocos autos lavados se enlodan en la carretera destapada o en el barro que el agua acarreó al pavimento. Javier Artuluaga se nota preocupado y desalentado, y no solo es por él, sino también por sus trabajadores. El hombre de tez trigueña y mirada picara con su acento paisa empieza a contar que “económicamente la construcción nos afectó mucho, al igual que el trabajo de los muchachos y de los que ya no están. Y los clientes de arriba quedaron incomunicados con nosotros”, mientras revuelve la carne picada con sus fríjoles para almorzar.
Unos conservan la esperanza de que todo se normalicé en pocos días como Marisol Vanegas, quien vende arepas en un carro móvil que lo mueve entre el lodazal o entre los escombros y chécheres de los constructores. Fiel testigo del avance de la obra dice que “ha sido muy demorada, en parte por el mal tiempo” refiriéndose al invierno y augurando que “el trafico peatonal y vehicular aumentará porque por aquí van a pasar las rutas de colectivo y los viajeros con destino al Huila”.
La desgracia de unos es la fortuna de otros, pues demorarse en la construcción significa que el empleo perdure. Edwin Pérez de 20 años, quien trabaja como controlador del flujo vial, sin quitar la mirada del frente y con una sonrisa sostenida cuenta que “con esto puedo responder por mi mamá, mis hermanos y mis sobrinos. Solo me paso trabajando y nada más”. A ello también se suman los deseos de un viejo de voz baja, el maestro de obra, mientras susurra que “lo ideal sería que el camello durara más, para que puedan tener para sus familias”, excusándose en las estadísticas del DANE que sitúan a Popayán como la primera en desempleo del país y reconoce que “parte de los inconvenientes que nos llevó a detenernos han sido la falta de comunicación entre la alcaldía y los prestadores de servicios públicos porque no corrieron las redes. La terminación puede durar entre tres o cuatro meses, o tal vez menos”. Socorro Cruz manifiesta que la parálisis del trabajo acarreó “proliferaron de moscos y roedores, y se convirtió en un botadero de basura y escombros”.

La planeación y la socialización fue un fracaso como lo reconoce el interventor. Explica    que “la construcción está montada por tres fases”, que tenían la intencionalidad de no embotellar la zona y le suma que “es diferente porque incluye compra de predios, demoliciones e invasión de espacio público. Fracasó la metodología de socialización. El plano está construido por un sistema de puntos al que se le llama plano de rasante’ que podría entenderse como el arquitectónico y que pocos ingenieros pueden interpretarlo”. Y eso es lo que reclaman los habitantes y veedores como Socorro Cruz quien con rabia declara que “la socialización se hizo con unos planos topográficos en Autocar que a nosotros como comunidad no nos muestran como quedará la obra y donde se notan irregularidades como por ejemplo: mi barrio aparecía como ante jardín y el Instituto Técnico Industrial como INEM. Lo que nos da la idea de que cogieron el plano de la once y lo trasladaron aquí”. Y el experto en planos de rasante responde que “para mi es más fácil volver a crear uno que montar algo sobre uno existente”, después de oír las declaraciones de la veedora.

Un proyecto como este que cuesta $ 3500 millones cambia la forma de vida de una comunidad. Es el paso a la transformación. El presupuesto destinado por la administración municipal cada año equivale a $ 2000 millones para hacer obras, incluidos los reparcheos, y Popayán necesita $ 2 billones para modernizarse. En consecuencia Fabián Ruiz se pregunta “¿cuántos años necesita para avanzar en el futuro?”.

El flujo de circulación vial de la ciudad patoja está a cargo de dos carreras: la sesta y la novena. El interventor explica que “por eso nos afecta tanto a todos los habitantes. Por consiguiente la razón de los trancones en la hora pico”. El 26 de febrero de este año se vence el plazo para entregar la avenida por lo que comenta que “voy a estar hasta el último momento porque no se terminara en la fecha establecida”.

El siguiente paso advine todo un proceso y el camino del interventor es informar lo que está pasando. “Un atraso del -10% a solo dos semanas de entrega. Estamos metidos en un problema que equivale a $ 350 millones. Debemos hacer un trazado diario para ver el progreso”, dice el interventor. Un proceso judicial que permita liquidar los perjuicios puede demorarse dos años máximo y siete meses mínimos con todo el proceso. Según el ingeniero Ruiz la solución es que “ambas partes concilien. Pierden los dos pero se agiliza en tiempo. Además estoy seguro que en dos meses terminarán”.
La licitación para realizar la avenida fue entregada a la empresa constructora Agremezclas S.A con oficinas en Cali, la misma hace parte de Conalvías quien tiene a cargo la terminación de la calle 26 en el tramo comprendido de la carrera 97 y la transversal de la 76 en Bogotá. “Es la segunda empresa más importante de este tipo en el país”, relata Fabián Ruiz interventor de la obra. Tiene mercados internacionales y está presente en EE.UU desde el 2010.
“Todos podríamos estar salpicados en lo judicial. La interventoría por estar sola, las veedurías, la Asociación Caucana de Ingenieros, el alcalde saliente y quienes están a cargo hoy de la obra. La pregunta más grande que tenemos para responder, es qué hicimos para evitar el problema”, afirma Ruiz con cara de tranquilidad, mientras pide el favor a su ayudante para que saque fotocopias que conciernen al progreso de la avenida. Del mismo modo reconoce que “el más débil soy yo porque con un sueldo de $ 3,5 millones mensuales no tendré como pagar un buen abogado. A diferencia de la empresa que podría pagar un magistrado. Perdí varios trabajos de asesoría por dedicarme solo a esta obra por su gravedad, por lo que buscaré un indemnización”. Y concluye diciendo que “hay un modelo que repensar porque con ese, se hacen todas las obras en el departamento”.
Socorro Cruz cansada de caminar de un lado hacia otro, como en un círculo vicioso  e impotente ante el asunto comenta que “hemos hecho derechos de petición para que remodelen los planos y cuando vamos a la alcaldía nos caramelean: ‘Sí, sí. Ahorita vamos’. El secretario de infraestructura quedó en venir y no nos dejo esperando”. Y lo que tiene por decirle a esas dependencias y entidades es que “no sirven. Es un burlesco hacia nosotros los habitantes porque no nos hacen caso”. Junto a la comunidad planea su próximo paso “el anden no lo dejamos demoler, no lo vamos a dejar ampliar así nos toque que cerrar y acostarnos sobre el”, porque los compromisos de cada reunión y cita solo le han dejado una lección, como a los niños que se engañan una vez y no más, por lo que termina exclamando sulfurada “ahora todo es por escrito o nada”.