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jueves, 16 de febrero de 2012

Interventor de construcción vial reconoce negligencia

EL DESTAPE DE “LA 26” PATOJA


Popayán se enfrenta a nuevos retos que traen el tiempo y su crecimiento poblacional. La obra de construcción de la carrera 2 entre la calle 15N y la 25N fue una apuesta del Alcalde saliente Ramiro Navia. ‘Agremezclas S.A’ es la empresa constructora que tiene la responsabilidad de volver sitios prósperos y transitables a los barrios de Pomona, Portales del Río, vereda Pomona y otros en la zona nor-oriental. Pero la construcción no ha avanzado al ritmo propuesto y ha tenido varios inconvenientes que llevaron a paralizar a los obreros y máquinas por cuatro meses, cosa que aumentó el descontento de los habitantes quienes se han quejado de la poca comunicación entre ellos y los encargados de construir la avenida.
La autoridad a cargo de la interventoría de la obra hace la confesión con cara de preocupación y asumiendo la responsabilidad por tener en los talones el tiempo que finiquitará el contrato con la empresa Agremezclas S.A. “Cuando se dio el contrato dijeron que la obra estaría lista en seis meses y ahora a puertas de dos semanas para que se acabe el contrato se ve la imposibilidad del plazo. El fenómeno es similar a la 26 de Bogotá pero no es igual”, relata el interventor e ingeniero civil Fabián Ruiz, que tiene morada en uno de los barrios aledaños a la construcción.
Popayán no se ha enfrentado a realizar obras grandes. Los reparcheos son quienes han tapado los huecos y huellas del tiempo. Las obras grandes han sido realizadas por INVIAS como en la troncal principal de la ciudad. La administración de Ramiro Navia fue quien empezó a visualizar una Popayán de obras y de puertas al siglo XXI como se ve en uno de las ediciones de la revista Semana de este año.
Portales del Río es un barrio beneficiario de la nueva avenida y como los otros se ha enfrentado a los cambios que acarrea un proyecto vial como éste. “Nosotros contábamos con la vía lenta del acceso al garaje de nuestras viviendas, más una zona verde que desapareció. Inicialmente demolieron de la vía lenta 50 cm y el lunes 30 de enero que vino el personero municipal dijeron que hasta ahí llegaba, pero el martes 31 a las seis y media de la mañana nos demolieron 70 cm más. También nos hicieron un sardinel en el que los bomperes de los carros se rozan y ahora tenemos una vía peatonal, lo que ocasionará un detrimento patrimonial en nuestras viviendas”, pronuncia Socorro Cruz como si nunca le hubieran dado la oportunidad de hablar, como si quisiera contar a todos los habitantes payaneses lo que para ella es una ‘infamia y descaro’.
También a los trabajadores de la zona les cambió el panorama. Sus ventas se vieron afectadas y las esperan recuperar cuando termine la adecuación vial. El lavador de automóviles espera volver a escuchar el chasquido del agua sobre las vidrieras y ver como el parabrisas se mueve mientras limpia la panorámica. Los pocos autos lavados se enlodan en la carretera destapada o en el barro que el agua acarreó al pavimento. Javier Artuluaga se nota preocupado y desalentado, y no solo es por él, sino también por sus trabajadores. El hombre de tez trigueña y mirada picara con su acento paisa empieza a contar que “económicamente la construcción nos afectó mucho, al igual que el trabajo de los muchachos y de los que ya no están. Y los clientes de arriba quedaron incomunicados con nosotros”, mientras revuelve la carne picada con sus fríjoles para almorzar.
Unos conservan la esperanza de que todo se normalicé en pocos días como Marisol Vanegas, quien vende arepas en un carro móvil que lo mueve entre el lodazal o entre los escombros y chécheres de los constructores. Fiel testigo del avance de la obra dice que “ha sido muy demorada, en parte por el mal tiempo” refiriéndose al invierno y augurando que “el trafico peatonal y vehicular aumentará porque por aquí van a pasar las rutas de colectivo y los viajeros con destino al Huila”.
La desgracia de unos es la fortuna de otros, pues demorarse en la construcción significa que el empleo perdure. Edwin Pérez de 20 años, quien trabaja como controlador del flujo vial, sin quitar la mirada del frente y con una sonrisa sostenida cuenta que “con esto puedo responder por mi mamá, mis hermanos y mis sobrinos. Solo me paso trabajando y nada más”. A ello también se suman los deseos de un viejo de voz baja, el maestro de obra, mientras susurra que “lo ideal sería que el camello durara más, para que puedan tener para sus familias”, excusándose en las estadísticas del DANE que sitúan a Popayán como la primera en desempleo del país y reconoce que “parte de los inconvenientes que nos llevó a detenernos han sido la falta de comunicación entre la alcaldía y los prestadores de servicios públicos porque no corrieron las redes. La terminación puede durar entre tres o cuatro meses, o tal vez menos”. Socorro Cruz manifiesta que la parálisis del trabajo acarreó “proliferaron de moscos y roedores, y se convirtió en un botadero de basura y escombros”.

La planeación y la socialización fue un fracaso como lo reconoce el interventor. Explica    que “la construcción está montada por tres fases”, que tenían la intencionalidad de no embotellar la zona y le suma que “es diferente porque incluye compra de predios, demoliciones e invasión de espacio público. Fracasó la metodología de socialización. El plano está construido por un sistema de puntos al que se le llama plano de rasante’ que podría entenderse como el arquitectónico y que pocos ingenieros pueden interpretarlo”. Y eso es lo que reclaman los habitantes y veedores como Socorro Cruz quien con rabia declara que “la socialización se hizo con unos planos topográficos en Autocar que a nosotros como comunidad no nos muestran como quedará la obra y donde se notan irregularidades como por ejemplo: mi barrio aparecía como ante jardín y el Instituto Técnico Industrial como INEM. Lo que nos da la idea de que cogieron el plano de la once y lo trasladaron aquí”. Y el experto en planos de rasante responde que “para mi es más fácil volver a crear uno que montar algo sobre uno existente”, después de oír las declaraciones de la veedora.

Un proyecto como este que cuesta $ 3500 millones cambia la forma de vida de una comunidad. Es el paso a la transformación. El presupuesto destinado por la administración municipal cada año equivale a $ 2000 millones para hacer obras, incluidos los reparcheos, y Popayán necesita $ 2 billones para modernizarse. En consecuencia Fabián Ruiz se pregunta “¿cuántos años necesita para avanzar en el futuro?”.

El flujo de circulación vial de la ciudad patoja está a cargo de dos carreras: la sesta y la novena. El interventor explica que “por eso nos afecta tanto a todos los habitantes. Por consiguiente la razón de los trancones en la hora pico”. El 26 de febrero de este año se vence el plazo para entregar la avenida por lo que comenta que “voy a estar hasta el último momento porque no se terminara en la fecha establecida”.

El siguiente paso advine todo un proceso y el camino del interventor es informar lo que está pasando. “Un atraso del -10% a solo dos semanas de entrega. Estamos metidos en un problema que equivale a $ 350 millones. Debemos hacer un trazado diario para ver el progreso”, dice el interventor. Un proceso judicial que permita liquidar los perjuicios puede demorarse dos años máximo y siete meses mínimos con todo el proceso. Según el ingeniero Ruiz la solución es que “ambas partes concilien. Pierden los dos pero se agiliza en tiempo. Además estoy seguro que en dos meses terminarán”.
La licitación para realizar la avenida fue entregada a la empresa constructora Agremezclas S.A con oficinas en Cali, la misma hace parte de Conalvías quien tiene a cargo la terminación de la calle 26 en el tramo comprendido de la carrera 97 y la transversal de la 76 en Bogotá. “Es la segunda empresa más importante de este tipo en el país”, relata Fabián Ruiz interventor de la obra. Tiene mercados internacionales y está presente en EE.UU desde el 2010.
“Todos podríamos estar salpicados en lo judicial. La interventoría por estar sola, las veedurías, la Asociación Caucana de Ingenieros, el alcalde saliente y quienes están a cargo hoy de la obra. La pregunta más grande que tenemos para responder, es qué hicimos para evitar el problema”, afirma Ruiz con cara de tranquilidad, mientras pide el favor a su ayudante para que saque fotocopias que conciernen al progreso de la avenida. Del mismo modo reconoce que “el más débil soy yo porque con un sueldo de $ 3,5 millones mensuales no tendré como pagar un buen abogado. A diferencia de la empresa que podría pagar un magistrado. Perdí varios trabajos de asesoría por dedicarme solo a esta obra por su gravedad, por lo que buscaré un indemnización”. Y concluye diciendo que “hay un modelo que repensar porque con ese, se hacen todas las obras en el departamento”.
Socorro Cruz cansada de caminar de un lado hacia otro, como en un círculo vicioso  e impotente ante el asunto comenta que “hemos hecho derechos de petición para que remodelen los planos y cuando vamos a la alcaldía nos caramelean: ‘Sí, sí. Ahorita vamos’. El secretario de infraestructura quedó en venir y no nos dejo esperando”. Y lo que tiene por decirle a esas dependencias y entidades es que “no sirven. Es un burlesco hacia nosotros los habitantes porque no nos hacen caso”. Junto a la comunidad planea su próximo paso “el anden no lo dejamos demoler, no lo vamos a dejar ampliar así nos toque que cerrar y acostarnos sobre el”, porque los compromisos de cada reunión y cita solo le han dejado una lección, como a los niños que se engañan una vez y no más, por lo que termina exclamando sulfurada “ahora todo es por escrito o nada”.